Qué será de mí cuando la nieve quiera quedarse en los enredos de mis cabellos. Cuando venga a dibujar la vejez vestida de arruga breve y quiera quedarse, sin contemplaciones, en mis noches grises. Qué será de aquello que me fue dado. De mis recuerdos y mis nostalgias. De mis años entregados y mis creencias. ¿Acaso no serán ausencias imperfectas de los días que nos quedan? Dónde irán el balbuceo de mi voz, el sonido lento del balanceo de mi cuerpo, las palabras que ya no pueda pronunciar porque el tiempo las haya silenciado. Dónde. Quizá la tierra sepa guardarme consigo bajo la sombra de un árbol milenario.
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