Cuando los años me vacíen con el caer de la arruga y la vida haya esparcido sus rabietas sobre la caricatura del tiempo, podré caminar sobre la inquebrantable soledad de la herida con la satisfacción de haber cosido cada dolor en la piel que hoy habito. Una piel que, deformada por los años, recorrerá los pliegues del futuro para dormir sobre sus cimientos.
Estar aquí y allá, allá, aquí, donde la sombra se atreve a mirarte y alejarla con un aleteo de ojos que ni las alas de los pájaros pueden alcanzar. Estar aquí y allá, allá, aquí. Sumergirse en el silencio del instante, pedirle al tiempo palabras que en el momento no llegan. Atinar sin atino al destino y cubrir la memoria de los años de materia etérea. Donde el corazón no viene, la razón va. Donde la razón no va, el corazón viene.
Un hueco ha permanecido intacto al derrumbamiento. Se ha rendido al homenaje que, cada piedra, ha puesto en el cemento. Un hueco que ha agrietado el muro del tiempo y ha desechado la idea de oscurecerse bajo el escombro.
Comentarios
Publicar un comentario